Sentado en la playa

6/09/2010

Sentado en la playa, uno observa el mar, las olas que vienen y van. Si uno puede contemplar ese mar, el centelleo de luz deslumbrante y las claras aguas -contemplarlo con todos los sentidos despiertos- en esa observación no hay un centro, no existe un ‘uno’ que esté observando.

Sentado en la playa uno observaba los pájaros, el cielo, y escuchaba el sonido distante de los automóviles que pasaban. La vista alcanzaba hasta el horizonte donde el cielo se encuentra con el mar. Observando sin un solo pensamiento, sin ninguna reacción, observando sin identidad, sólo ese infinito observar. Observando los pensamientos que surgen y luego se desvanecen, pensamiento tras pensamiento, el propio pensamiento se vuelve consciente de sí mismo. No existe un pensador que observe al pensamiento, el observador es el pensamiento.

mnbvxz 450x308 Sentado en la playa

Sentado en la playa, mientras uno observa a las personas que pasan, parece que toda la naturaleza, todo lo que a uno lo rodea, desde el profundo mar azul a aquellas altas montañas rocosas, también están observando. Estamos observando, no aguardando, no esperando que ocurra algo, sino solamente observando sin fin. En esa observación hay un aprender, no la acumulación del conocimiento mediante el aprendizaje -lo cual es casi mecánico- sino una atenta observación, una observación no superficial sino profunda, viva y afectuosa; entonces no existe ahí un observador.

La observación es algo tremendamente vital, un vacío a cada instante. Esos pequeños cangrejos y esas gaviotas y todos esos pájaros que pasan volando, observan. Están atentos a la presa, al pez, a algo para alimentarse; ellos también están observando.

Pasa alguien junto a uno y desea saber qué estamos observando. Uno no observa nada, y en esa nada está todo.

El Último Diario

El meditador es el pensamiento

3/05/2010

Reinaba mucha quietud en el amanecer y ni una hoja ni un pájaro se movían. La meditación que comenzó a desconocidas profundidades y continuaba creciendo en intensidad y alcance, esculpía el cerebro tornándolo totalmente silencioso, arrancando de raíz los pensamientos, extirpando sentimientos, vaciando el cerebro de lo conocido y su sombra. Esta meditación prosiguió durante una hora por el reloj. Y era una meditación sin el meditador. El meditador interfiere con sus estupideces y vanidades, sus ambiciones y su codicia. El meditador es el pensamiento que se nutre en estos conflictos, y el pensamiento debe cesar completamente en la meditación. Estas son las bases, los cimientos para la meditación.

Imagen7 450x244 El meditador es el pensamiento

El Silencio fue creciendo

3/03/2010

En todas partes había silencio; los cerros permanecían inmóviles, los árboles estaban quietos y desiertos los lechos de los ríos; los pájaros habían encontrado refugio por la noche y todo se hallaba en silencio. Había llovido y las nubes estaban también inmóviles.

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El silencio fue creciendo y se tornó más intenso,amplio y profundo. Lo que antes estaba fuera, ahora estaba dentro de uno; el cerebro que había escuchado el silencio de los cerros, los campos y los bosques, ahora se hallaba silencioso.

Muy profundamente dentro de sí el cerebro estaba inmóvil, quieto; como un pájaro que pliega sus alas, se había replegado sobre sí mismo y había penetrado en profundidades que se encontraban completamente fuera de su alcance.

El cerebro estaba quieto

8/12/2009
 
Esta mañana temprano había unas pocas estrellas en el cielo y nubes blanquecinas, y con ellas advino ese intenso penetrar en la profundidad de lo desconocido. El cerebro estaba quieto, tan quieto que se podía oír el más tenue ruido, y estando quieto -y por tanto incapaz de interferir- había un movimiento que comenzaba en ninguna parte y continuaba, a través del cerebro, penetrando en desconocidas profundidades donde las palabras pierden su significado.
 
Imagen44 300x225 El cerebro estaba quieto 
Era como un viento tremendo que pasaba embistiendo, destruyendo, purificando, dejando un inmenso vacío. Había una completa y lúcida percepción y una gran fuerza y belleza.
 
 
 

En Soledad

15/10/2009

En septiembre de 1942, Krishnamurti había permanecido en soledad por tres semanas en una cabaña que se encuentra en el Sequoia National Park, donde se había sentido extáticamente dichoso.

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¡Era tan extraordinariamente hermoso encontrarse solo en medio de estos inmensos, altísimos árboles, antiguos más allá de la memoria y tan por completo indiferentes a lo que estaba ocurriendo en el mundo, silenciosos en su antigua dignidad y fuerza!        Y en esta cabaña, rodeado por estos viejos árboles, uno estaba solo día tras día, observándolo todo, haciendo largas caminatas sin toparse prácticamente con nadie.

El Último Diario, p.103