Atención y Silencio

Estar atentos implica un estado extraordinario de la mente -estar atentos a cuanto les rodea, a los árboles, al pájaro que canta, al Sol que está detrás de ustedes; estar atentos a los rostros, a las sonrisas; estar atentos a la suciedad del camino, a la belleza de la tierra, a la palmera contra el cielo rojo del crepúsculo, a la onda sobre el agua-, simplemente estar atentos, sin preferencia alguna. Por favor, háganlo mientras prosiguen con esto. Escuchen a estos pájaros, sin nombrarlos, no reconozcan la especie, sólo escuchen el sonido.

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Escuchen los movimientos del propio pensar, no los controlen, no los moldeen, no digan: “Esto es bueno, eso es malo”. Simplemente, muévanse con ello. Eso es la percepción alerta, en la que no hay opción ni condena ni juicio ni comparación o interpretación; sólo observación pura. Eso hace que la mente sea altamente sensible. En el momento en que nombran, han retrocedido y la mente se embota, porque eso es lo que acostumbra hacer.

 En ese estado de percepción alerta hay atención, no control ni concentración. Hay atención. O sea, escuchan a los pájaros, ven la puesta de sol, contemplan la quietud de los árboles, oyen pasar los automóviles, oyen a quien les habla; y están atentos al significado de las palabras, a sus propios pensamientos y sentimientos y al movimiento de esa atención.

Uno aprende cuando hay atención y silencio.

                                                                                                               (Sobre Dios, pp. 122-123)

2 respuestas to “Atención y Silencio”

  1. la voz dice:

    En mi opinión comentar que la atención va ligada al silencio es una verdad. Sin embargo esta no sólo existe cuando estás en silencio. La atención es un estado de la mente que puede ser permanente. Me parece un reducionismo que en ningún caso ayuda a ser libres.

  2. El Maestro está hablando del silencio interno, donde no hay diálogo interno ni comparación. No se refiere al silencio externo, pues es claro cuando dice, escuchen los pájaros, los automóviles, a quien les habla; pero sin juicio, condena o interpretación.

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