La Meditación es Puro Gozo

La meditación, sin el aleteo de un solo pensamiento con sus interminables sutilezas, es puro gozo. La meditación es una observación desde el vacío donde ha cesado todo movimiento de la mente. Un vacío que no ha conocido el espacio. Un vacío de tiempo. En este vacío hay furia, la furia de la tempestad, la furia del universo en explosión. Es la furia de la vida, de la muerte y del amor. Es un vasto, ilimitado vacío que nada puede llenar jamás, ni transformar, ni abarcar. La meditación es el éxtasis de este vacío.

Imagen44 300x225 La Meditación es Puro Gozo

En medio de la noche, en la calma que sigue a la tormenta y al relámpago, el cerebro está completamente quieto y la meditación es una apertura dentro del inmenso vacío. Solo existe una atención despierta en la que el origen del pensamiento ha cesado sin esfuerzo alguno. Esta atención oye la lluvia,  escucha sin interpretar y observa sin el conocimiento. La meditación es de una pureza que todo lo deshace sin dejar residuos; y donde nada existe. Como nada existe, ello es. Es la pureza de toda esencia. Esta paz es un vasto, ilimitado espacio de inmensa vacuidad.

4 respuestas to “La Meditación es Puro Gozo”

  1. Sí, el vacío es nuestro estado natural. Es lo que hay debajo de todas estas capas de material mental con el que nos vamos cubriendo en el devenir de nuestras existencias. Es lo que hay, soterradamente, tras nuestras máscaras falsas llamadas personalidad. Siempre he tenido como una especie de intuición o presentimiento remoto sobre el vacío.
    Cuando capeaba con los mas variopintos y peculiares embates con los que mi mente se dignaba a obsequiarme, de fondo, me encomendaba a la certeza de que tras toda esa vorágine de irrealidad y fantasía mental existe un vacío insondable. Ese vacío es paz. Ese vacío es libertad. Ese vacío soy yo y eres tú, en último término. La corazonada del vacío siempre la invoqué como respuesta a la confusión y el desorden mental y el contacto con textos espirituales me reafirmó en esa impresión.

    • Emilio Cándido dice:

      Me quedo con “esta atención oye la lluvia”… Es lo único en lo que mi experiencia ha coincidido con lo que describe Krishnamurti. A lo mejor, digo yo, Krishnamurti se pasa tres pueblos cuando habla de este modo tan incomprensible de una inmensa vaciedad. Somos muy dados a creernos todo lo que se nos dice. Para mí el principal valor de Krishnamurti es que anima a explorar por nosotros mismos, independientemente incluso de lo que pueda añadir. ¿Y en qué nos interesa realmente si existe ese tipo de vaciedad? De existir sería algo al trasponer de cualquier descripción, precisamente. Este interés por lo que habrá al trasponer la loma, quizás sea algo frívolo, cuando en este lado de la loma tenemos el reto. ¿Cuál es nuestro reto presente? Para mí eso es lo interesante, lo que merece curiosidad. Qué habrá en el caso de que se resuelva, es una curiosidad evasiva y estéril. ¿Cuál es nuestro reto?, ¿en qué punto estamos?, ¿qué nos ocurre?, a nosotros, gente corriente, al género humano. ¿Qué nos pasa?, ¿cuál es nuestra realidad?, una realidad en la que están incluidas visiones místicas, y muchas palabras acerca de lo transcendental. En nuestra realidad está incluida esta conversación, y lo que nos han dicho, tradiciones, maestros, guías, descripciones y enseñanzas. ¿Cuál es esa realidad?, ¿en qué consiste?, eso me parece lo fascinante. Cómo ignoramos esta misma realidad es parte de esta realidad que somos, ahora mismo. Parte de esta realidad es cómo creemos saber, cómo nos hacemos ideas de cómo son las cosas, materiales e inmateriales. Parte de esta realidad es cómo competimos, cómo nos sumamos a un grupo, cómo nos rebelamos, cómo nos aislamos y cómo nos unimos a una corriente. ¡Qué fascinante es esta realidad!, y lo más fascinanate es cómo esa realidad se ignora así misma. La envidia se ignora a sí misma, el odio se ignora a sí mismo, la complacencia se ignora a sí misma… ¿Qué es esta realidad que damos por sentada?, ¿cómo somos? –e insisto, no me refiero a una realidad transcendental o a un ser transcendental. Si lo transcendental existe o no, no es lo que nos urge, yo diría que incluso no nos concierne. Nos concierne lo que somos llanamente, violentos, posesivos, miedosos, inseguros, necesitados… ¿Qué es esta realidad, esto que es ahora? Eso me parece lo fascinante, y no porque lo desprecie o piense que no debe de ser. Me parece que es fascinante cómo funciona, cómo el amor se convierte en odio y al revés, cómo el conocimiento cambia, cómo los maestros cambian, cómo esta realidad se opone a sí misma, cómo el amor o el odio se oponen a sí mismos. ¿No te parece sorprendente? Cómo se mueve esta realidad, la euforia, el placer, la exigencia, la frustración. Esta curiosidad me parece el único reto que tenemos, es el reto de los retos. Lo demás son retos relativos, pequeños. Pero el reto absoluto es lo que somos, cómo somos. De ese reto dependen todos los demás, los políticos, los económicos, los científicos. Comprender lo que somos es nuestro reto, y es un reto que nunca abordamos. Eludimos el reto de comprendernos de todas las maneras que podemos. Por ejemplo husmeando en lo que puede haber después de que lo hayamos resuelto. ¡Y todo es parte de la realidad que somos!, incluso este evadirnos, este interés por lo místico. ¿No es asombroso? Lo que somos es asombroso, construye esta asociación, construye a Krishnamurti, construye estas palabras. ¿Qué es lo que somos?, ¿qué nos pasa?, ¿dónde estamos metidos, o como se quiera decir?…
      No creo que se puede llegar más allá de esta pregunta. Esta pregunta es una puerta a la que asomarnos. Y tenemos que asomarnos, tenemos que ver por nosotros mismos. Nadie nos puede decir qué vamos a encontrarnos, igual que nadie puede decirnos a qué sabe el vino. ¡Quedarnos con lo que otros puedan decir es parte justamente de nuestra realidad! Es una forma de no entrar en la pregunta, de evitar ver. ¡Todo esto no puede ser más maravilloso, más asombroso! La forma en que funcionamos es asombrosa, como un árbol enorme con muchas ramas que se enredan entre sí. ¿Cómo somos?, ¿cómo estamos funcionanado?, en este mismo momento… Hay tensión, sospecha, un sentido de decidir… ¿Qué nos pasa?… No es que lo sepa, pero pudiera ser que si nos reunimos en esta pregunta, solo en estas ganas de averiguar, vayamos por el buen camino. ¿Nos llevan a algún sitio otros caminos?, ¿o son solo movimientos dentro de lo que somos?: las descripciones hermosas, los retos limitados… No es que lo sepa, quiero acabar insistiendo en ello. Solo me lo pregunto, solo quisiera compartir mi pregunta. Aunque pueda parecer imperativo, solo me pregunto. ¿No es esto que nos pasa ahora lo interesante? ¿Y no es nuestro interés por otras muchas cosas y discursos solo parte de lo que nos pasa?… ¿Qué nos pasa entonces?

      • En efecto. No puedes pretender encontrar un camino para trascender y dejar de ser lo que eres. Cualquier movimiento que experimentemos será dentro de lo que somos. La cuestión en último término sería preguntarnos: Qué es lo que somos? Somos la película mental que nos montamos sobre nosotros mismos? Somos la identidad que nos hemos creado a lo largo de nuestra existencia a través de nuestra actividad mental?

        Somos nuestros pensamientos compulsivos, somos el ruido, somos todas nuestras limitaciones mentales adquiridas en un marco de identificación absoluta con el ego? O en esencia somos lo que hay tras todo eso?

        En realidad no se trata de luchar contra todo lo que somos a un nivel superficial, sino de aceptar que esa es la realidad que nos hemos construido, y entender que esa no es nuestra auténtica naturaleza y verdad, sino que éstas quedan ocultas tras nuestras recreaciones mentales asimiladas en nuestra evolución en un entorno que no te permite mas vía de desarrollo que ésta.

        Nuestra auténtica naturaleza es la paz, la calma, el silencio, la alegría del ser, y todo lo que se interpone entre ésta verdad y nuestra realidad es la mente, o mejor dicho, el uso que hacemos de ésta.

        El ego tiene mucha fuerza y son descomunales los recursos con los que cuenta para mantenernos en su ámbito y no se trata de luchar contra él, sino, tal y como apunta Krishnamurti, y otros autores espirituales como Tolle, de observarlo sin implicarte para ir rompiendo la corriente de identificación con el funcionamiento ordinario de tu mente.

        En cuanto adquieres conciencia del funcionamiento enajenado y disparatado de la mente, decides romper ese bucle patológico y permites que emerja tu verdadero estado de paz y alegría. Alegría del ser. Alegría por existir, independientemente de las condiciones externas.

        Quizás la discrepancia respecto a lo apuntado por ti es el concepto de lo que somos. Vale, en un nivel de personalidad, somos lo que somos y eso está ahí, y desde la misma personalidad, es muy difícil cambiar eso.
        Pero tú crees que lo que somos se limita a nuestra personalidad, a nuestro estado mental actual y todas sus vertientes?
        Igual hay algo mas, y así yo lo he sentido e intuido.
        Y es verdad que si abordamos lo místico y espiritual desde una visión mental, es decir, desde nuestra personalidad, solo nos servirá de distracción y para reafirmarnos en nuestros pilares egocéntricos….
        Pero si probamos de observar y comprender nuestros propios procesos mentales desde el silencio, igual se produce algún tipo de apertura….

    • Mario dice:

      Vacío de pura consciencia.

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