Archivo de la categoría ‘Retiros’

Sentado en la playa

6/08/2010

Sentado en la playa, uno observa el mar, las olas que vienen y van. Si uno puede contemplar ese mar, el centelleo de luz deslumbrante y las claras aguas -contemplarlo con todos los sentidos despiertos- en esa observación no hay un centro, no existe un ‘uno’ que esté observando.

Sentado en la playa uno observaba los pájaros, el cielo, y escuchaba el sonido distante de los automóviles que pasaban. La vista alcanzaba hasta el horizonte donde el cielo se encuentra con el mar. Observando sin un solo pensamiento, sin ninguna reacción, observando sin identidad, sólo ese infinito observar. Observando los pensamientos que surgen y luego se desvanecen, pensamiento tras pensamiento, el propio pensamiento se vuelve consciente de sí mismo. No existe un pensador que observe al pensamiento, el observador es el pensamiento.

mnbvxz 450x308 Sentado en la playa

Sentado en la playa, mientras uno observa a las personas que pasan, parece que toda la naturaleza, todo lo que a uno lo rodea, desde el profundo mar azul a aquellas altas montañas rocosas, también están observando. Estamos observando, no aguardando, no esperando que ocurra algo, sino solamente observando sin fin. En esa observación hay un aprender, no la acumulación del conocimiento mediante el aprendizaje -lo cual es casi mecánico- sino una atenta observación, una observación no superficial sino profunda, viva y afectuosa; entonces no existe ahí un observador.

La observación es algo tremendamente vital, un vacío a cada instante. Esos pequeños cangrejos y esas gaviotas y todos esos pájaros que pasan volando, observan. Están atentos a la presa, al pez, a algo para alimentarse; ellos también están observando.

Pasa alguien junto a uno y desea saber qué estamos observando. Uno no observa nada, y en esa nada está todo.

El Último Diario

El meditador es el pensamiento

3/05/2010

Reinaba mucha quietud en el amanecer y ni una hoja ni un pájaro se movían. La meditación que comenzó a desconocidas profundidades y continuaba creciendo en intensidad y alcance, esculpía el cerebro tornándolo totalmente silencioso, arrancando de raíz los pensamientos, extirpando sentimientos, vaciando el cerebro de lo conocido y su sombra. Esta meditación prosiguió durante una hora por el reloj. Y era una meditación sin el meditador. El meditador interfiere con sus estupideces y vanidades, sus ambiciones y su codicia. El meditador es el pensamiento que se nutre en estos conflictos, y el pensamiento debe cesar completamente en la meditación. Estas son las bases, los cimientos para la meditación.

Imagen7 450x244 El meditador es el pensamiento

El Silencio fue creciendo

3/03/2010

En todas partes había silencio; los cerros permanecían inmóviles, los árboles estaban quietos y desiertos los lechos de los ríos; los pájaros habían encontrado refugio por la noche y todo se hallaba en silencio. Había llovido y las nubes estaban también inmóviles.

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El silencio fue creciendo y se tornó más intenso, amplio y profundo. Lo que antes estaba fuera, ahora estaba dentro de uno; el cerebro que había escuchado el silencio de los cerros, los campos y los bosques, ahora se hallaba silencioso.

Muy profundamente dentro de sí el cerebro estaba inmóvil, quieto; como un pájaro que pliega sus alas, se había replegado sobre sí mismo y había penetrado en profundidades que se encontraban completamente fuera de su alcance.

En Soledad

15/10/2009

En septiembre de 1942, Krishnamurti había permanecido en soledad por tres semanas en una cabaña que se encuentra en el Sequoia National Park, donde se había sentido extáticamente dichoso.

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¡Era tan extraordinariamente hermoso encontrarse solo en medio de estos inmensos, altísimos árboles, antiguos más allá de la memoria y tan por completo indiferentes a lo que estaba ocurriendo en el mundo, silenciosos en su antigua dignidad y fuerza!        Y en esta cabaña, rodeado por estos viejos árboles, uno estaba solo día tras día, observándolo todo, haciendo largas caminatas sin toparse prácticamente con nadie.

El Último Diario, p.103

Meditar

26/03/2009

  

La meditación es un tema esencial a lo largo de la obra de Krishnamurti. En sus escritos, charlas, conferencias o diálogos aparece constantemente y le daba una importancia extraordinaria. De todas esas obras destaca una, que podemos definir como un auténtico manual de meditación, el Diario I, que escribió durante siete meses a comienzo de los años sesenta. En él, Krishnamurti utiliza la palabra meditación unas 120 veces para decirnos lo que es la meditación, pero también lo que no es; y sólo en una ocasión el verbo meditar.

 

Meditar es vaciar la mente de todo pensamiento (Diario I, p.178, edit. Edhasa, 1978)

 

“Krishnamurti procedió a instruirnos en la forma correcta. Nos dijo que nos  sentáramos tranquilamente, preferiblemente con las piernas cruzadas y la espalda recta, de forma que la sangre pudiera circular libremente al cerebro. Primero, debíamos comprobar si el cuerpo podía estar completamente quieto, lo que eraabsolutamente importante. Si se movía debíamos preguntarnos por qué, no   forzarlo a estar quieto. Primero, debemos mirar todo y, habiendo mirado, mantener nuestros ojos cerrados y fijos en una posición, pues el movimiento del ojo induce al movimiento del pensamiento. 

 

imagen 49 450x284 Meditar

 

 Luego, la mente. Encontramos que no puede estar tranquila, estamos pensando sobre una y otra cosa, sobre la comida, el sexo, los exámenes, etc. Muchas de estas cosas podían estar ocupando nuestros pensamientos porque todavía los teníamos pendientes. Así que tenemos que terminar las cosas, ponerlas en el lugar correcto. No debemos intentar controlar este movimiento. Debemos observarlo sin decir que es bueno o malo. No hay pensamiento bueno o malo. Sólo hay pensamiento. No debemos identificar, justificar o condenar, sino simplemente seguirlo. Eso es mirarlo sin nombrarlo, sin el observador. El pensamiento es como una flor: nace, florece y muere. Cuando se le deja solo para que siga su camino natural, cada pensamiento se completa en sí mismo y llega a un final. Así que si a los pensamientos se les permite que mueran en esta conciencia sin elección, cada vez habrá menos pensamientos. Y si esto se mantiene, en cierto momento no hay pensamientos en absoluto y entonces la división entre lo interno y lo externo se disuelve causando el florecimiento de los sentidos y el despertar de la natural inteligencia del cuerpo”  (Javier Gómez Rodríguez, The Link, nº 18, mayo 2000)