Archivo de la categoría ‘Meditación’

La belleza de la Meditación

19/01/2009

Al despertar todo estaba tranquilo, la serenidad era sorprendente y uno se sentó para efectuar la habitual meditación. Inesperadamente, de la misma manera que se oye un sonido distante, ello comenzó quietamente, dulcemente, y de pronto estaba ahí con toda su fuerza. Al desaparecer dejó su perfume en lo hondo de la conciencia y la visión de ello en los ojos.

La meditación es esa atención en la que hay una percepción lúcida, sin preferencia alguna, del movimiento de todas las cosas -el graznar de los cuervos, el temblor de las hojas, el ruidoso torrente, la llamada de un niño, los sentimientos, los motivos, los pensamientos persiguiéndose los unos a los otros y, aún más en lo profundo, la percepción alerta y lúcida de la totalidad de la conciencia.. Y en esta atención, el tiempo como el ayer en persecución del mañana se aquieta y calla. En esta silenciosa quietud hay un movimiento inmensurable, incomparable; un movimiento que no tiene existencia, que es la esencia de la bienaventuranza, de la vida y la muerte. Un movimiento que no puede ser seguido porque no deja un sendero tras de sí y porque es quieto y es inmóvil.

Imagen42 300x224 La belleza de la Meditación

La meditación es un fenómeno increíble. Su pureza es devastadora; no deja un sólo rincón secreto donde el pensamiento pueda esconderse entre sus propias sombras. En la meditación no hay mañana. La meditación es la destrucción de la seguridad, y en la meditación hay belleza, no la belleza de las cosas que han sido producidas por el hombre o por la naturaleza, sino la belleza del silencio. Este silencio es el vacío en el cual todas las cosas fluyen y existen; y ni el intelecto ni el sentimiento pueden llegar a ello.

El gozo de la Meditación

16/01/2009

En medio de la noche, cuando todo estaba completamente quieto, la meditación era un puro gozo. Sin el aleteo de un solo pensamiento con sus interminables sutilezas era un movimiento que no tenía fin, una observación desde el vacío en la que había cesado todo movimiento del cerebro. Era un vacío de tiempo. Estaba más allá de todo ver, conocer y ser. En este vacío había furia, la furia del universo en expansión, la furia de la creación que nunca podría expresarse de ningún modo. Era la furia de toda la vida, la muerte y el amor. Pero, no obstante, era el vacío, un vasto, ilimitado vacío que nada podría llenar jamás, ni transformar, ni abarcar. La meditación era el éxtasis de este vacío.

colinas azules 300x225 El gozo de la Meditación

La meditación en las tranquilas horas de la madrugada era el descubrimiento de la belleza. No era el pensamiento ni el movimiento del tiempo porque el cerebro estaba quieto. Era la negación total de lo conocido; era un movimiento en completa libertad, sin dirección ni medida; en ese movimiento había una energía ilimitada cuya misma esencia era silencio y quietud. Había una gran bienaventuranza, un gran éxtasis que pereció al ser tocado por el pensamiento.

Ver sin el mecanismo del pensamiento es el ver total. Ver sin el pensamiento no adormece el cerebro; por el contrario este se halla totalmente despierto, atento. La atención sin las fronteras del tiempo es el florecimiento de la meditación.