Meditar

26/03/2009

  

La meditación es un tema esencial a lo largo de la obra de Krishnamurti. En sus escritos, charlas, conferencias o diálogos aparece constantemente y le daba una importancia extraordinaria. De todas esas obras destaca una, que podemos definir como un auténtico manual de meditación, el Diario I, que escribió durante siete meses a comienzo de los años sesenta. En él Krishnamurti utiliza la palabra meditación unas 120 veces para decirnos lo que es la meditación, pero también lo que no es; y sólo en una ocasión el verbo meditar.

 

Meditar es vaciar la mente de todo pensamiento (Diario I, p.178, edit. Edhasa, 1978)

 

 

imagen 49 450x284 Meditar

 

“Krishnamurti procedió a instruirnos en la forma correcta. Nos dijo que nos sentáramos  tranquilamente, preferiblemente con las piernas cruzadas y la espalda recta, de forma que la sangre pudiera circular libremente al cerebro. Primero, debíamos comprobar si el cuerpo podía estar completamente quieto, lo que era absolutamente importante. Si se movía debíamos preguntarnos por qué, no forzarlo a estar quieto. Primero, debemos mirar todo y, habiendo mirado, mantener nuestros ojos cerrados y fijos en una posición, pues el movimiento del ojo induce al movimiento del pensamiento. Luego, la mente. Encontramos que no puede estar tranquila, estamos pensando sobre una y otra cosa, sobre la comida, el sexo, los exámenes, etc. Muchas de estas cosas podían estar ocupando nuestros pensamientos porque todavía los teníamos pendientes. Así que tenemos que terminar las cosas, ponerlas en el lugar correcto. No debemos intentar controlar este movimiento. Debemos observarlo sin decir que es bueno o malo. No hay pensamiento bueno o malo. Sólo hay pensamiento. No debemos identificar, justificar o condenar, sino simplemente seguirlo. Eso es mirarlo sin nombrarlo, sin el observador. El pensamiento es como una flor: nace, florece y muere. Cuando se le deja solo para que siga su camino natural, cada pensamiento se completa en sí mismo y llega a un final. Así que si a los pensamientos se les permite que mueran en esta conciencia sin elección, cada vez habrá menos pensamientos. Y si esto se mantiene, en cierto momento no hay pensamientos en absoluto y entonces la división entre lo interno y lo externo se disuelve causando el florecimiento de los sentidos y el despertar de la natural inteligencia del cuerpo”  (Javier Gómez Rodríguez, The Link, nº 18, mayo 2000)

 

 

Atención y Silencio

15/03/2009

Estar atentos implica un estado extraordinario de la mente -estar atentos a cuanto les rodea, a los árboles, al pájaro que canta, al Sol que está detrás de ustedes; estar atentos a los rostros, a las sonrisas; estar atentos a la suciedad del camino, a la belleza de la tierra, a la palmera contra el cielo rojo del crepúsculo, a la onda sobre el agua-, simplemente estar atentos, sin preferencia alguna. Por favor, háganlo mientras prosiguen con esto. Escuchen a estos pájaros, sin nombrarlos, no reconozcan la especie, sólo escuchen el sonido.

imagen8 300x201 Atención y Silencio

Escuchen los movimientos del propio pensar, no los controlen, no los moldeen, no digan: “Esto es bueno, eso es malo”. Simplemente, muévanse con ello. Eso es la percepción alerta, en la que no hay opción ni condena ni juicio ni comparación o interpretación; sólo observación pura. Eso hace que la mente sea altamente sensible. En el momento en que nombran, han retrocedido y la mente se embota, porque eso es lo que acostumbra hacer.

 En ese estado de percepción alerta hay atención, no control ni concentración. Hay atención. O sea, escuchan a los pájaros, ven la puesta de sol, contemplan la quietud de los árboles, oyen pasar los automóviles, oyen a quien les habla; y están atentos al significado de las palabras, a sus propios pensamientos y sentimientos y al movimiento de esa atención.

Uno aprende cuando hay atención y silencio.

                                                                                                               (Sobre Dios, pp. 122-123)

La Excursión a El Piélago

10/03/2009

El pasado domingo estuvimos de excursión un grupo de 23 personas y un perro. Salimos de Madrid a la hora prevista y en una hora estábamos en La Badía. El tiempo era espléndido y más teniendo en cuenta el temporal que habíamos tenido sólo 48 horas antes. Al poco de llegar a La Badía fueron llegando los que venían de otras zonas. Cuando estuvimos todos volvimos a coger los coches y en menos de media hora subimos a la montaña, a El Piélago.

100 2822 300x225 La Excursión a El Piélago

100 2817 300x225 La Excursión a El Piélago

Nada más empezar nos tocaba subir un repecho de unos 200 metros para después llegar a las ruinas de la ermita. La vista es espléndida. Al sur Talavera y el río Tajo. Más al este, el río Alberche con el embalse de Cazalegas. Al oeste, el valle del Tiétar con Gredos cubierto de nieve. Y al norte los bosques de robles y pinos que se extienden por gran parte de la sierra de San Vicente.

posible portada 1024x372 La Excursión a El Piélagoconvento del pielago 300x224 La Excursión a El Piélago

Después de un rato contemplando el paisaje bajamos hacia el Convento donde comentamos que a partir del próximo mes de mayo comenzaremos, en ese lugar, los “Retiros de Silencio”, un sábado al mes. Volvimos campo a través al camino y nos detuvimos un instante para admirar un hermoso “nevero” de piedra donde los monjes antiguamente guardaban la nieve.

Emprendimos la marcha caminando durante dos kilómetros, ya por un buen camino, y aprovechamos una explanada muy soleada para recuperar fuerzas, charlar, bromear y hacer grupo. En ese punto el paisaje cambiaba pues ya divisábamos al norte una gran extensión del Sistema Central todavía con nieve en sus cimas.

Proseguimos el camino descendiendo y adentrándonos en el bosque. A nuestra derecha, hacia abajo, contemplábamos algunos pueblos, diminutos en la distancia. El más cercano es El Almendral de la Cañada que tiene su nombre por la Cañada Real Leonesa que le cruza  buscando las tierras de Extremadura. Allí, también nació Ana del Almendral, fiel colaboradora de Santa Teresa de Ávila.

100 2815 300x225 La Excursión a El Piélago

Después de varios kilómetros de tranquilo caminar descubrimos varios manantiales que nos indicaban la cercanía de los antiguos huertos de Navamorcuente. Y, sobre todo, nos ponía en alerta a algunos de que la cabaña de Miguel Jerónimo podría aparecer como por encanto entre la maraña de robles. Dejamos la plácida pista y, pasado un pequeño  y complicado trecho, surgió la terraza de terreno donde se asienta. La visión del valle y de la pared rocosa de Gredos era espléndida. El lugar invitaba a la contemplación. El tiempo era ideal  y el sol algo poniente nos calentaba por el costado izquierdo. Unos se sentaron a comer de nuevo, a otros el cuerpo les pedía recogerse en silencio y se alejaron del jaleillo. Pero todos mirábamos complacidos los árboles, la nieve lejana y la inmensidad que abarcaba nuestra vista. Valía la pena haber madrugado un domingo.

El tiempo pasó sin darnos cuenta y como todavía nos quedaba una hora hasta Navamorcuende -donde habíamos dejado los coches-, emprendimos el último trayecto de nuestra excursión. Por suerte durante toda la bajada un sol suave nos acompañó de cara. El camino era más angosto que por la mañana, y a veces las jaras y las retamas rozaban nuestro cuerpo como si nos saludaran. La charla era distendida y se formaban pequeños grupos, se oían risas y bromas, y pronto estuvimos en el punto de llegada.

Detrás de nosotros la montaña se cubría de sombras y nos fuímos despidiendo después de un día inolvidable.

100 2810 300x225 La Excursión a El Piélago

Actualizacion: Se ha añadido un enlace con información sobre cómo llegar a la Badía.

El Silencio de la Mente

8/03/2009
¿Puede la mente, pueden las células cerebrales mismas que son producto del tiempo como evolución, puede el cuerpo y el movimiento que conocemos como el pensar, puede la totalidad de la mente estar en completo silencio?

Eso sólo puede ocurrir cuando hemos comprendido el valor del pensamiento, dónde es importante y dónde carece de importancia. Sin comprender la naturaleza y estructura del pensamiento, jamás darán ustedes con este silencio.

Y el silencio es indispensable. Cuando miramos una nube, y el resplandor de la luz en ella, si nuestra mente se encuentra parloteando, vagando, especulando, verbalizando, no puede ver la belleza de la nube. La mente tiene que estar quieta, y estará quieta si uno ha negado, si ha descartado el control, la autoridad; todas las cosas que la mente ha producido a fin de encontrar la verdad o la iluminación, son de hechura humana y, por tanto, están presas en el tiempo. Y para descubrir aquello que no pertenece al tiempo, que no tiene medida, que es innominable, la mente tiene que estar por completo silenciosa.

imagen10 300x225 El Silencio de la Mente

Cuando ustedes ven eso, entonces hay claridad en la observación y en el aprender, lo cual es la acción de la inteligencia. Al observar lo que es falso, las células del cerebro se aquietan, y con ello la mente adquiere –sin esfuerzo alguno, de manera suave, fácil y natural- una calma extraordinaria. Y en ese silencio de la mente no existe el tiempo. En ese silencio no existe el observador ni la experiencia, sino sólo esa cualidad de completo y total silencio. En ese silencio la puerta está abierta. Lo que hay más allá de la puerta es indescriptible, no puede ponerse en palabras.

 

 

 

Estar solo

16/02/2009

Es bueno estar solo. Estar solo es hallarse muy lejos del mundo y, no obstante, caminar por sus calles. Estar solo subiendo por el sendero junto al veloz y ruidoso torrente de la montaña que rebosa con el agua de la primavera y las nieves derretidas, es estar atento a ese árbol solitario, único en su belleza.

imagen26 300x226 Estar solo

El sendero llevaba muy lejos del ruidoso torrente y el silencio era absoluto. No había allí nadie con quién hablar y la mente no parloteaba. Sólo recientemente descubrió él que no había un solo pensamiento durante esos largos paseos por las calles atestadas o por los solitarios senderos. Él siempre había sido así, desde que era niño; ningún pensamiento penetraba en su mente. Él sólo observaba y escuchaba, y nada más. En estos paseos, con gente o sin ella, todo movimiento del pensar estaba ausente. Eso es estar solo.