La Fuente de la Vida

2/12/2010

El 12 de agosto, cinco semanas después de su llegada a Ojai, K. escribió a Lady Emily:

“He estado meditando todas las mañanas por media hora o 35 minutos. Medito de las 6.45 a las 7.20. Empiezo a concentrarme mejor, aun cuando sea por poco tiempo, y vuelvo a meditar antes de acostarme, por cerca de diez minutos. Todo esto es más bien sorprendente para usted, ¿verdad? Al principio me fue difícil meditar o concentrarme pero aunque sólo lo he estado haciendo por una semana, estoy gratamente sorprendido…”

Fue solamente cinco días después de escribir esto que él pasó por una experiencia que cambió su vida.

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“Desde el 3 de agosto yo meditaba regularmente por cerca de 30 minutos todas las mañanas. He podido, para mi asombro, concentrarme con considerable facilidad.  Entonces, el 17 de agosto, sentí un dolor agudo en la base de la nuca y tuve que reducir mi meditación a 15 minutos. El clímax fue alcanzado el día 19. Yo no podía pensar.

El primer día, mientras estaba en ese estado, y más consciente de las cosas que me rodeaban, tuve la primera y más extraordinaria experiencia. Había un hombre reparando la carretera; ese hombre era yo mismo; yo era el pico que él sostenía; la misma piedra que él estaba rompiendo, era parte de mí, la tierna hoja de pasto era mi propio ser y el árbol junto al hombre era yo. Casi podía sentir y pensar como el hombre que reparaba la carretera, podía sentir al viento pasando a través del árbol, y a la pequeña hormiga sobre la hoja de hierba. Los pájaros, el polvo, y el mismo ruido eran parte de mí. Justo en ese momento pasaba un auto a cierta distancia; yo era el conductor, la máquina y las llantas; conforme el auto se alejaba yo también me alejaba de mí mismo. Yo estaba en todas las cosas o, más bien, todas las cosas estaban en mí, las inanimadas así como las animadas, las montañas, el gusano, y toda cosa viviente. El día entero permanecí en esta bienaventurada condición.

En la mañana del día siguiente ocurrió casi lo mismo que el día anterior. Empecé a volver en mí y, me senté con las piernas cruzadas en la postura de meditación. Cuando había estado así por algún tiempo, me sentí a mí mismo saliendo de mi cuerpo, y me vi sentado abajo con las tiernas y delicadas hojas del árbol encima de mí.

Era muy dichoso, estaba en calma y en paz. Había una calma muy profunda, tanto en el aire como en mí mismo, la calma que existe en el lecho de un lago profundo e insondable. Como el lago, yo sentía que mi cuerpo físico, con su mente y sus emociones podía ser agitado en la superficie, pero que nada, absolutamente nada, podría ya turbar la quietud de mi alma.

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Ya nunca nada podría ser igual. He bebido en las puras y transparentes aguas que manan de la fuente de la vida y mi sed fue aplacada. Nunca más podría estar sediento, nunca más podría hallarme en la total oscuridad. He visto la Luz, he tocado la compasión que cura todo dolor y sufrimiento; ello no es para mí mismo, sino para el mundo. He estado en la cumbre de la montaña. Nunca puedo ya estar en completa oscuridad; he visto la gloriosa Luz que cura. Me ha sido revelada la fuente de la Verdad y las tinieblas han sido disipadas. El Amor en toda su gloria ha embriagado mi corazón; mi corazón nunca podrá cerrarse. He bebido en la fuente de la Felicidad y de la eterna Belleza. Estoy embriagado de Dios”.

(Los Años del Despertar, Mary Lutyens)

El Silencio sin futuro

6/10/2010

Rubén: ¿Podría resumir la enseñanza en una sola oración?

Krishnamurti: Intente sin esfuerzo ir viviendo con la muerte en el silencio sin futuro.

Rubén: Suena absurdo. Quiero entender esa oración: “Morir en silencio sin futuro”. Pienso que sería mejor decir:  “Intente sin esfuerzo vivir en paz en el silencio sin futuro”.

Krishnamurti: No. La muerte es el fin de todo lo que usted teme perder: sus apegos, su memoria, sus amigos, su prestigio. Todo eso que es el contenido de su conciencia ¿Puede usted librarse de eso ahora mismo, ahora que es joven y saludable, y no tener que esperar cincuenta años para que se derrumbe por sí solo?

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Su cerebro ha sido como es por el último millón de años.¿Por cuánto tiempo será así?¿Se irá usted a la cama esta noche con ese cerebro suyo como siempre ha sido? ¿Hábito, dolor, enojo, etc.?

Rubén: No estaría aquí si quisiera irme a la cama con este cerebro como está. ¿Sería usted capaz de facilitar la experiencia de aquello, que puede transformar mi cerebro y mi vida?

Krishnamurti: Si fuera tan estúpido como para facilitarlo, entonces todo lo que digo se volvería una teoría o una técnica, como tantas otras.

Tiene que hacerlo por usted mismo.

Ascienda a la cumbre y observe,  ¿o prefiere usted irse a dormir y rogarme que le describa la cumbre? ¿Quedaría usted satisfecho con mi descripción? Entonces usted no tiene substancia. Entonces usted es un ser humano de segunda mano.

Sentado en la playa

6/08/2010

Sentado en la playa, uno observa el mar, las olas que vienen y van. Si uno puede contemplar ese mar, el centelleo de luz deslumbrante y las claras aguas -contemplarlo con todos los sentidos despiertos- en esa observación no hay un centro, no existe un ‘uno’ que esté observando.

Sentado en la playa uno observaba los pájaros, el cielo, y escuchaba el sonido distante de los automóviles que pasaban. La vista alcanzaba hasta el horizonte donde el cielo se encuentra con el mar. Observando sin un solo pensamiento, sin ninguna reacción, observando sin identidad, sólo ese infinito observar. Observando los pensamientos que surgen y luego se desvanecen, pensamiento tras pensamiento, el propio pensamiento se vuelve consciente de sí mismo. No existe un pensador que observe al pensamiento, el observador es el pensamiento.

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Sentado en la playa, mientras uno observa a las personas que pasan, parece que toda la naturaleza, todo lo que a uno lo rodea, desde el profundo mar azul a aquellas altas montañas rocosas, también están observando. Estamos observando, no aguardando, no esperando que ocurra algo, sino solamente observando sin fin. En esa observación hay un aprender, no la acumulación del conocimiento mediante el aprendizaje -lo cual es casi mecánico- sino una atenta observación, una observación no superficial sino profunda, viva y afectuosa; entonces no existe ahí un observador.

La observación es algo tremendamente vital, un vacío a cada instante. Esos pequeños cangrejos y esas gaviotas y todos esos pájaros que pasan volando, observan. Están atentos a la presa, al pez, a algo para alimentarse; ellos también están observando.

Pasa alguien junto a uno y desea saber qué estamos observando. Uno no observa nada, y en esa nada está todo.

El Último Diario

El meditador es el pensamiento

3/05/2010

Reinaba mucha quietud en el amanecer y ni una hoja ni un pájaro se movían. La meditación que comenzó a desconocidas profundidades y continuaba creciendo en intensidad y alcance, esculpía el cerebro tornándolo totalmente silencioso, arrancando de raíz los pensamientos, extirpando sentimientos, vaciando el cerebro de lo conocido y su sombra. Esta meditación prosiguió durante una hora por el reloj. Y era una meditación sin el meditador. El meditador interfiere con sus estupideces y vanidades, sus ambiciones y su codicia. El meditador es el pensamiento que se nutre en estos conflictos, y el pensamiento debe cesar completamente en la meditación. Estas son las bases, los cimientos para la meditación.

Imagen7 450x244 El meditador es el pensamiento

El Silencio fue creciendo

3/03/2010

En todas partes había silencio; los cerros permanecían inmóviles, los árboles estaban quietos y desiertos los lechos de los ríos; los pájaros habían encontrado refugio por la noche y todo se hallaba en silencio. Había llovido y las nubes estaban también inmóviles.

bgt.  450x337 El Silencio fue creciendo

El silencio fue creciendo y se tornó más intenso, amplio y profundo. Lo que antes estaba fuera, ahora estaba dentro de uno; el cerebro que había escuchado el silencio de los cerros, los campos y los bosques, ahora se hallaba silencioso.

Muy profundamente dentro de sí el cerebro estaba inmóvil, quieto; como un pájaro que pliega sus alas, se había replegado sobre sí mismo y había penetrado en profundidades que se encontraban completamente fuera de su alcance.