El Cerebro estaba quieto

8/12/2009

Esta mañana temprano había unas pocas estrellas en el cielo y nubes blanquecinas, y con ellas advino ese intenso penetrar en la profundidad de lo desconocido. El cerebro estaba quieto, tan quieto que se podía oír el más tenue ruido, y estando quieto -y por tanto incapaz de interferir- había un movimiento que comenzaba en ninguna parte y continuaba, a través del cerebro, penetrando en desconocidas profundidades donde las palabras pierden su significado.

Imagen44 300x225 El Cerebro estaba quieto

Era como un viento tremendo que pasaba embistiendo, destruyendo, purificando, dejando un inmenso vacío. Había una completa y lúcida percepción, y una gran fuerza y belleza.

En Soledad

15/10/2009

En septiembre de 1942, Krishnamurti había permanecido en soledad por tres semanas en una cabaña que se encuentra en el Sequoia National Park, donde se había sentido extáticamente dichoso.

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¡Era tan extraordinariamente hermoso encontrarse solo en medio de estos inmensos, altísimos árboles, antiguos más allá de la memoria y tan por completo indiferentes a lo que estaba ocurriendo en el mundo, silenciosos en su antigua dignidad y fuerza!        Y en esta cabaña, rodeado por estos viejos árboles, uno estaba solo día tras día, observándolo todo, haciendo largas caminatas sin toparse prácticamente con nadie.

El Último Diario, p.103

Observar en silencio

8/09/2009

Imagen42 300x224 Observar en silencio

Salir a dar un paseo por los campos y pasear por los bosques con el canto de los pájaros, sin un solo pensamiento en la mente…Sólo observar la tierra, los árboles, las ovejas y escuchar el canto de las palomas; pasear sin emoción alguna, sin ningún sentimiento, observar los árboles y toda la tierra… Cuando uno observa así, si uno está alerta, entonces el cerebro se queda muy quieto. entonces uno observa en gran silencio, y ese silencio tiene una profundidad inmensa, una perdurable, incorruptible belleza.

Meditación y Comprensión

23/05/2009

Era una buena hora para permanecer quieto, para meditar. El letargo y la quietud no marchan juntos; para estar quieto debe haber intensidad y meditación; ello es algo activo y potente. La meditación significa estar más allá de todo pensamiento y sentimiento. Entonces la meditación es un movimiento dentro de lo desconocido.

La meditación se deslizó sobre uno como una ola cuando cubre la arena. Era una meditación que iba más allá de cualquier método o forma. La meditación lo incluía todo en su movimiento,, las estrellas, el ruido, la quietud y la extensión del río. Una mente atenta es una mente vacía.

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La meditación derriba las fronteras de la conciencia; desbarata el mecanismo del pensamiento. La meditación que está atrapada en un método mutila y somete la energía. La meditación consiste en liberar energía en abundancia y, el control, la disciplina y la represión corrompen la pureza de esta energía. La meditación es la llama ardiendo intensamente sin dejar cenizas. Las palabras y el pensamiento siempre dejan cenizas. La meditación lo destruye todo, no deja absolutamente nada, ni siquiera el susurro de un deseo, y en este vasto e insondable vacío, hay creación y amor.

La meditación es el florecimiento de la comprensión. La comprensión es un rayo que destruye. La comprensión puede alterar el curso de la vida, el modo que uno tiene de pensar y actuar. Sin la comprensión no hay fin para el dolor. El dolor termina sólo a través del conocimiento propio, de la lúcida percepción alerta de cada pensamiento y sentimiento, de cada uno de los movimientos de lo consciente y lo oculto. La meditación es la comprensión de la conciencia, la recóndita y la visible, y del movimiento que se encuentra más allá de todo pensamiento.

Meditar

26/03/2009

La meditación es un tema esencial a lo largo de la obra de Krishnamurti. En sus escritos, charlas, conferencias o diálogos aparece constantemente y le daba una importancia extraordinaria. De todas esas obras destaca una, que podemos definir como un auténtico manual de meditación, el Diario I, que escribió durante siete meses a comienzo de los años sesenta. En él, Krishnamurti utiliza la palabra meditación unas 120 veces para decirnos lo que es la meditación, pero también lo que no es; y sólo en una ocasión el verbo meditar.

Meditar es vaciar la mente de todo pensamiento (Diario I, p.178, edit. Edhasa, 1978)

“Krishnamurti procedió a instruirnos en la forma correcta. Nos dijo que nos  sentáramos tranquilamente, preferiblemente con las piernas cruzadas y la espalda recta, de forma que la sangre pudiera circular libremente al cerebro. Primero, debíamos comprobar si el cuerpo podía estar completamente quieto, lo que eraabsolutamente importante. Si se movía debíamos preguntarnos por qué, no   forzarlo a estar quieto. Primero, debemos mirar todo y, habiendo mirado, mantener nuestros ojos cerrados y fijos en una posición, pues el movimiento del ojo induce al movimiento del pensamiento.

imagen 49 450x284 Meditar

Luego, la mente. Encontramos que no puede estar tranquila, estamos pensando sobre una y otra cosa, sobre la comida, el sexo, los exámenes, etc. Muchas de estas cosas podían estar ocupando nuestros pensamientos porque todavía los teníamos pendientes. Así que tenemos que terminar las cosas, ponerlas en el lugar correcto. No debemos intentar controlar este movimiento. Debemos observarlo sin decir que es bueno o malo. No hay pensamiento bueno o malo. Sólo hay pensamiento. No debemos identificar, justificar o condenar, sino simplemente seguirlo. Eso es mirarlo sin nombrarlo, sin el observador. El pensamiento es como una flor: nace, florece y muere. Cuando se le deja solo para que siga su camino natural, cada pensamiento se completa en sí mismo y llega a un final. Así que si a los pensamientos se les permite que mueran en esta conciencia sin elección, cada vez habrá menos pensamientos. Y si esto se mantiene, en cierto momento no hay pensamientos en absoluto y entonces la división entre lo interno y lo externo se disuelve causando el florecimiento de los sentidos y el despertar de la natural inteligencia del cuerpo” (Javier Gómez Rodríguez, The Link, nº 18, mayo 2000)